Nos veremos allí
Aguardaron la llegada del siguiente mortero.
Cuarenta y dos segundos. No ha sido una mala vida, se dijo Barlés. ¿Cómo era aquello…? He visto cosas que vosotros no vereís jamás… He visto arder naves más allá de Orión, y ponerse el sol en la puerta Tannhaüser…
Tengo que cambiar las pilas del Sony, recordó. Y lavar las dos camisas sucias que tengo en el hotel. Miró a Márquez, preguntándose en qué pensaba él cuando se disponía a cruzar una zona batida. Quizá veía la cara de sus hijas, o lamentaba los polvos que no había echado en su vida. Quizá pensaba en los cincuenta mil duros que cobraba al mes, o quizá no pensaba en nada.
Estalló otro mortero: cuarenta y nueve segundos.
Aún volaba por el aire los últimos cascotes cuando Barlés le puso una mano al hombro a Márquez.
-Nos veremos allí -dijo
-¿Donde es allí?
-No sé, Allí
Márquez se echo a reír con su risa de carraca vieja. Entonces se pusieron en pie y echaron a correr por la carretera
Territorio Comanche - Arturo Pérez-Reverte










