De noche…
Su entrepierna estaba húmeda, sus dedos eran ya parte de su vientre, su cadera no dejaba de moverse al ritmo de sus gemidos y ahogos.
Levantó la lámpara y ahí estaba. Mirándola con dos tizas, quieto como un gato atrapado. Ella parecía ser la presa, la luz que emanaba de esa lámpara iluminaba el rostro lívido, monstruosamente pálido, bello por lo demás. Ella termino de despertar por aquella sensación excitante, insoportablemente placentera, debió ser él, pensó y por ello lo detenía con esa luz falsa. La recámara era fría, demasiado fría, la ventana movía las cortinas onduladas y el largo cabello de esa mujer que extrañaba la seguridad del día, el radiante sol que le quemaba esa piel tersa. El no se movía, quizás sorprendido por haber sido atrapado en el momento que alimentaba ese cuerpo sin alma, pero ella si tenia alma y tenia sensaciones, recordaba momentos antes oler como su entrepierna estaba húmeda, sus dedos eran ya parte de su vientre, su cadera no dejaba de moverse al ritmo de sus gemidos y ahogos.
Sin advertirlo desapareció ante su vista así como el día la sorprendió despierta, viendo aquella ventana adornada de cortinas ondulantes. El día no fue normal, algo le fue arrebatado esa noche y sentía el ansia de ocultarse de esa luz molesta y vulgar del día. Quería el refugio de la noche tormentosa, del vendaval de sueños que le hacían detener el paso con tan solo recordar. Sentir su cuerpo al abandono de la soledad de su cama y sus libros que eran combustible para los deseos incumplidos. Arder, ser radiante en la mitad de las noches malditas por demonios sin nombre, desconocidos por la virtud y el dios aquel.
La noche llego al fin no así el sereno silencio de la muerte temporal ni el sosiego sopor del cansancio o aburrimiento, no, el ansia dominaba todo menos al ansia misma que crecía alimentada por ella misma.
Si, esa noche no le importaría morir, no si es de esa forma, seducida por un ángel caído en desgracia, por un animal inexplicable que le hacia sentir lo que otros hombres solo soñaban hacer en sus juventudes inexpertas o en la madurez soberbia de debilidad carnal.
La ventana abriose en silencio por la mano transparente de la muerte, el viento gélido del exterior entro, como entro en ella una desesperación que le hizo perder el control de su cuerpo, se vio así misma ser poseída en el regazo de la negra figura que era la misma noche, la misma violencia y peligro de la noche, su eterno romance con la perdición habían creado a ese hijo perfecto, mortal y cruel, seductor de los sentidos y corruptor de voluntades. Después solo quedaba él en la habitación. Dejó con gran cariño la cabeza de su amante en turno sobre su almohada, le peino el cabello con esas garras tenebrosas y frías. Al salir cerro la ventana y las cortinas ondulantes dejaron de vivir, como todo en el interior de esa habitación.
Morfo











“La ventana abriose en silencio por la mano transparente de la muerte, el viento gélido del exterior entró, como entró en ella una desesperación que le hizo perder el control de su cuerpo, se vio a sí misma ser poseída en el regazo de la negra figura que era la misma noche, la misma violencia y peligro de la noche, su eterno romance con la perdición ”
Caray Morfo, qué cosa… esta increíble
No queda más que hacer lo propio
compermisito