El Entierro
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La llegada de un nuevo día trae consigo que las cosas se limpien. Las mañanas dan la oportunidad que las cosas se enmienden, como si de un renacer tratase. Exceptuando lo irremediable.
Desperté y disfruté por un maravilloso segundo de aquel desperezamiento, incluso sonreí mientras me estiraba pero al terminar aquel segundo dejé de sonreir y desee volver a dormir.
Mi hermano Enrique ya no estaba en su cama, mi madre tampoco.
Aquel cuarto que usabamos era bien sencillo, igual que nosotros mismos. No requeríamos más para tan mundana actividad y por eso no erá difícil tener la certeza que estaba solo en esos momentos.
Me levanté y el fogón ya estaba encendido, la olla del café permanecía caliente así como las tortas de maíz y los frijoles, todo encima de una sola silla. No era sencillo organizar todo aquello con el cajón de mi padre ocupando la mesa.
Me hize un taco, tomé un jarro de café todo muy deprisa y salí de ahí dentro.
Vi entonces que se acercaba un montón de gente y un par de carretas tiradas por mulas, una carreta por mula. Mulas flacas que ya ni jalaban con ganas, más valía matarlas y comerlas, pensé.
El enorme cortejo se plantó frente a la casa. Entraron cuatro señores y sin más tardanza cargaron con el cajón de mi padre para luego depositarlo en el único lugar disponible en una de las carretas. La gente miraba como aquellos hombres hacían su labor, viendo con una mirada perdida, cómo si fueran viajeros que presenciaran el retiro de un tronco en el camino. Indiferentes, pero era una indiferencia solidaria de cierta forma; todos viajeros en en el mismo camino plagado de muertos, viendo como se les retira del camino para continuar con nuestras vidas.
Así, dimos inicio, sin estar yo preparado, para ir a enterrar a los muertos. Enrique caminaba hasta delante de todos, lo alcanzé y sin mediar palabra caminé junto a él. Lo vi mirando el camino, como si no supiera donde fueramos, evidentemente trataba de distraerse pero también era obvio que no lo lograba, se le veía molesto, muy molesto.
Era bueno caminar delante de todos, como si nadie nos acompañase en ese momento. Detrás nuestro las oraciones de las mujeres escandalizaban el silencio del campo, las aves incluso se alejaba de aquello, tanto dolor era perceptible en el aire y pienso que los pájaros son sensibles al dolor del hombre así como lo son cuando saben que va a llover y buscan refugio de forma inmediata.
Era muy de mañana aún, aunque el sól ya calentaba no pasaban de las 7 de la mañana.
Llegamos al panteón. Las fosas ya estaban abiertas y uno a uno fueron depositando los cajones de los muertos. Las mujeres lloraban muy alto, os niños más pequeños se asustaban y lloraban también, los demás mirabamos, lanzabamos un puño de tierra, otros sólo veían unas, otros lanzaban oraciones al momento en que los cajones descendían. No estaba el padre de la iglesia, no sé por que no estaba en esa ocasión y no me importó, no me caía bien y supongo que tampoco le caían bien a él los muertos y les hizo el desaire.
Luego vi como enterraban a mi padre. Enrique lanzó un puño de tierra y yo lo imité, mi madre lloraba en silencio mientras escurría gordas lágrimas que rodaban por su rostro blanco lleno de pecas. Miraba todo el proceso siempre en silencio, a veces supiraba bien hondo como queriendo atraer el ánima de mi padre muerto dentro de sí, cerraba sus ojos a veces y alzaba el rostro a la vez que murmuraba algo que nunca supe que fue.
Los muertos propios duelen más que los ajenos, quien sabe por qué, pero aquella situación me hizo reaccionar de una forma muy extraña. Abrazé a Enrique quien no lloraba ni nada, sólo veía. Yo sentí mis piernas flaquear por una fuerza invisible que me empujaba de arriba abajo, un enorme peso que no podía soportar. Cuando me dí cuenta estaba yo completamente apoyado en Enrique, no era un peso, era puro dolor que me estaba consumiendo muy rápido, mi cara se desfiguro en un lamento mudo, dejé de respirar y no quería hacerlo más. Sólo así sentí que aquel dolor se iba bien lejos de mí, como si el cuerpo de mi padre lo atrajera consigo para mi alivio.
[continúa...]










