La tumba del pardo

Despertando…

Posted in diario by immorfo on Mayo 4, 2008

No sé en que momento de anoche programe el estereo para que se encendiera a las nueve de la mañana. En realidad no es malo pues desperté al ritmo de Pictures Of You de The Cure.

Lo importante ahora es que estoy tomando café, ayer no lo hice. Ayer el cuerpo cobró su cuota de tantos ires y venires, de tantas vueltas en la montaña rusa emocional, estaba agotado y me encabroné por no terminar de pintar lo que inicié, tengo las pinturas botadas sobre el sillón, algunas sobre el solvente y un pincel deshaciendose ahí mismo. Cinco películas amontonadas en lo que sería un maratón de cine casero perdieron su oportunidad de entretenerme, creo que la primera de ellas sufrió el desaire a los 30 minutos de iniciada pues caí dormido en este mismo sillón.

Estoy un poco arrependitidito de haber tomado vacaciones pues mañana no sé que voy a hacer aunque siendo francos me hacía mucha falta estar así y me temo que debo moverme. Dar golpe al timón ahora que puedo, creo que va por ahí la cosa.

No sé que pasa con los chicos de mi generación pero esta meditabunda intención la dejaré para luego, mejor seguiré pensando en esto de la escribida. Creo que no está tan mal lo que hago o cómo lo hago, vaya, todos cometemos errores peros mis errores son míos y tal vez son intencionales.

“Remember me” dice la canción que toca ahora. Las clases de periodismo del señor Arreola han funcionado; en lo personal su estilo se me hace cómo él mismo, franco y directo pero lo que tomaré de él es la actitud, esa actitud me gusta. Esto me lleva a recordar una discusión de días pasados que tuve con la compañera: “Esa actitud de yo me hice solito creo que es errónea” decía y si, es errónea pero como no voy a conceder en mi error creo que mejor lo enmendaré en la práctica.

Me he terminado el café y quiero más, necesito compensar que ayer no tomé café. Ayer sólo me desperté igual de temprano que hoy, me desperté con un olor familiar, impregnado y agradable. Tomé un baño, un cigarro, me cambié y salí del hotel. Pensé en desayunar pero en realidad no tenía ganas de nada, sólo de fumar. Estuve algunos minutos parado sobre aquella esquina tan extraña donde los autos toman sentidos opuestos en sus destinos, nunca llegué a comprender la dinámica de ese crucero. Entonces ví en dirección allá, hasta el infierno y dando la vuelta. Luego miré el cerrito y bajo de él un taxi en la avenida como esperándome y sin más lo abordé.

Un poco depués tomé el bus para convertir ese poniente en este oriente.

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