La tumba del pardo

Amanece

Publicado en diario by immorfo en Mayo 13th, 2008

Ambos permanecían sentados en la banca de esa callejuela donde se reunían los artistas callejeros. Lado a lado, sin tocarse por la distancia que les separaba, viendo pasar la poca gente que había a esa hora, hora nocturna aún.

Ellá miraba al frente mientras él le miraba a ella ese perfil que tanto le agradaba, ese suéter, sus manos inquietas.

-A veces pienso - dijo él sin dejar de mirarla - que es una maldición el tener que despedirse de algo. Lo que sea, por insignificante que parezca. Como si con ello, o más bien sin ello, uno perdiera inmunidad a ciertas cosas. Semejante a la pérdida de una célula vital.

- Tal vez - respondió ella - pero mientras se tenga poder de elección es mejor elegir que se queda y que se va. En este caso no hay más que decidir.

-Bien - dijo él apartando la vista de su embelesamiento, no sin un profundo dolor. Él parecía no sentir el frio, mientras ella se abrazaba a sí misma a la vez que hacía un gesto extraño, muy propio.
Había más gente en la calle ahora, algunos se atrevían a mirarlos deconfiados para luego olvidarlos.

-Bien - dijo ella -, amanece.

Él se acercó, hundió su rostro en su cuello y comenzó a alimentarse con prisa, con desesperación a la vez que lágrimas rodaban por su cara, mezclando la sangre con esa agua muerta. Un instante después ella dejo de sentir frío.

Cuando la claridad se anunció, ambos corrieron de forma antinatural a refugiarse a ese viejo y derruido hotel.

Morfo

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