Tehuacanazo
Este post también pudo titularse “Esto no se parece a México D.F.” ó “Crónica de un desatino”
Ahh Mefisto que te burlas de estas nimias desgracias mortales que minan el débil ánimo de la insignificante humanidad.
Estaba yo presto a concluir un presuroso y súbito abordaje, hace un par de horas, a mi bus con destino a la Ciudad de México proveniente de Puebla. Pregunté a una de las personas sobre el andén donde aguardaba el bus mi feliz abordaje. “38″ me dijo la fulana y al darle las gracias me dirigí a dicho andén. Me acerqué a la persona que checaba los boletos, mostré le mío, habitual y nada complejo procedimiento. Noté, sin embargo, que a mi boleto no se le retiró el talón de abordaje, se me hizo extraño pero tampoco recibí comentario alguno y sin más subí a ocupar el asiento “32″ que esperaba mi enfadoso ánimo envuelto en mis trémulas y maltrechas carnes. El asiento del pasillo estaba desocupado así que deje sobre el mismo mi mochila y mi chamarra.
Minutos después abordó un tipo quien me pidio por favor desocupara el asiento y luego de disculparme se sentó para compartir el viaje.
Saqué el zen de la mochila y puse algo de Lacrimosa. Una vez ambientado en el sonido dark alemán el sueño hizo presencia y mis ojos fueron llenados de arena y sin más mi débil voluntad cedió a las garras de Morfeo.
Desperté dos horas después y noté de inmediato que las bahías de estacionamiento de autobuses de aquella terminal no se parecían en nada a las de la TAPO de la Ciudad de México. “No, algo no anda bien”, dije para mi y sabiendo de antemano que estaba viviendo un error muy estúpido. Pregunté a mi compañero de asiento si ya habíamo llegado al destino, “Si” respondío ufano y siguió su descenso así como los demás pasajeros incluido esta masa de nervios y fluidos confundida en demasía.
“BIENVENIDOS A TEHUCAN” rezaba como una maldición sobre mi frente aquel letrero que invitaba a los viajantes abandonar aquella área y salir a la calle oscura y completamente desconocida para mi.
“¡PUTA MADRE!” pensé de inmediato y así mismo me regresé en busca del chofer pero el autobús estaba completamente vacío, ni siquiera los encargados del equipaje estaban ahí haciendo su labor. Mi confusión inicial devino en un amargo malestar lleno de enojo y frustración, mortal combinación para un geminiano bipolar con problemas en su psique. Un segundo después la calma llegó y con un elocuente y parsimonioso pensamiento benevolente decidí buscar una oficina administrativa donde hacer patente el error que en ese momento yo estaba padeciendo por culpa mía y por omisión del personal de ADO. Salí a la callé y busqué la entrada a esa estación de autobuses sin encontrarla.
Con el resto de aquella entidad metafísica que restaba en mi reserva de ánimo lanzé un suspiro que no significaba más que la aceptación de mi error miserable y por ende la confirmación de que hasta yo cometo errores como cualquier otro humano. No, lo anterior no fue ironía, fue el crepitar de un cuerpo cremado en la hoguera de la estupidez.
Con mis pies a rastras me dirigí hacía el hotel KaisersLautern, una habitación sencilla, -”¿Tienen internet?” -”Si claro” dice la señorita que me atiende. Subí a mi habitación y aquí estoy. Escribiendo esto.
Mientras escribo esto estoy hablando con Benito, claro, las risas no se hacen esperar. Hablo con Anto y las risas no se hacen esperar. Pufff.
Espero a mañana, ahora si, llegar a México.
Juar.











Morfo me has hecho mi día con esta lectura, juar, juar.
Juar, que bueno Aldonza, al parecer he hecho a mucha gente feliz con esta historia, chales
sope! jijijijiji
¿Alguien dijo mi nombre?
[...] de la hermana república de Puebla, hoy si llegué a casa como estaba planeado y antes de bordar el bus me asomé al letrero y para confirmar pregunté al conductor sobre nuestro [...]