Manifiesto en dos tiempos
I
Compañera:
Déjeme mirarla a los ojos que tengo algo que decirle,
y el valor no me falta
lo que falta es el aliento.
Si bien a veces huyo
es nomás de locura
¿Recuerda aquella liebre?
algo así pero sin premura
Si bien nuestros manifiestos son distintos
que no importen las piedras del camino,
las guerras mal libradas
las letras mal escritas
las penas mal habidas,
nuestras balas son las mismas.
Por que he caído, compañera,
en un rellano luminoso
de realidad y canciones
de truenos y avenidas
de noches solitarias
y certezas compartidas
Hoy miro de noche
en la dureza del vacío
y no crea que es flagelo
ni patrañas sin sentido
es este un manifiesto
de un amor consabido
motivo de preguntas
de los extraños y los míos.
Y al formular respuesta coherente
aparece usted compañera,
respuesta indescifrable
imagen entrañable
sueño tremebundo
despertares deseables
en campañas y dolores.
II
Y así las cosas compañera:
me declaro en rebeldía
ante el silencio opresor
adquirido por dominio
y mi falta de gobierno;
Solicito a usted cabida
a esta confesa circunstancia
que atraviesa los volcanes
desde esta humilde esquina.
Y no por falta de palabras
ni tinta en esta pluma
ni falta de ideas claras
ni tiempo para usted
pero ¿como reiterarle compañera
que hago más que quererla?
Y no hablo de ansiedades
ni miedos sin gaveta
y es que debo agregar:
deseo verla cuando despierta
y hacer la guerra, trazar la ruta,
con sus bellas consignas,
en esta lucha y resistencia.
Morfo










