Vanidad
Estuvo durmiendo por espacio de una hora, tranquilamente y sin sueños, y se despertó muy descansado. El número 402 había estado transmitiendo en la pared por algún tiempo; evidentemente
se sentía menospreciado. Inquiría a Rubachov por el nuevo compañero de ronda, a quien había visto desde la ventana, pero Rubachov le interrumpió. Sonriéndose a sí mismo, transmitió con los lentes:
-ESTOY CAPITULANDO.
Y esperó con curiosidad el efecto. Nada vino durante algún tiempo; el número 402 estaba silencioso. Sólo al cabo de unos minutos, expresó:
-PREFIERO QUE ME AHORQUEN…
Rubachov se sonrió y transmitió:
-CADA UNO ACTÚA SEGÚN LA CLASE A LA CUAL PERTENECE.
Esperaba una explosión de rabia del número 402, pero, en vez de eso, los golpecitos sonaron suaves, como si indicaran resignación:
-SENTÍA INCLINACIÓN A CONSIDERARLO UNA EXCEPCIÓN. YA NO LE QUEDA UNA MIGAJA DE HONOR
Rubachov se tendió de espaldas, con los lentes en la mano. Se sentía contento y tranquilo.
Transmitió:
-NUESTRAS IDEAS DEL HONOR SON DIFERENTES.
El número 402 transmitió con rapidez:
-EL HONOR CONSISTE EN VIVIR Y MORIR POR LAS IDEAS EN QUE UNO CREE.
Rubachov contestó casi tan rápidamente:
-EL HONOR CONSISTE EN SER ÚTIL, SIN VANIDAD.
El número 402 contestó esta vez más alto, como con rabia:
-EL HONOR ES DECENCIA, NO UTILIDAD.
-QUÉ ES LA DECENCIA? -preguntó Rubachov , espaciando cómodamente las letras.
Contrastando con su calma, sonaban furiosos los golpes al otro lado de la pared:
-ES ALGO QUE USTEDES NUNCA ENTENDERÁN -fué la respuesta del número 402 a
la pregunta de Rubachov. Se encogió de hombros:
-HEMOS REEMPLAZADO LA DECENCIA POR LA RAZÓN -replicó.
El número 402 no contestó.
Antes de cenar, Rubachov leyó de nuevo lo que había escrito, haciendo una o dos
correcciones, y lo copió en forma de carta dirigida al Fiscal General de la República. Subrayó los
párrafos. que se referían a las alternativas de la oposición, y terminó el documento con la siguiente
frase final
“El que suscribe, N. S. Rubachov , antiguo miembro del Comité Central del Partido, ex comisario del pueblo, ex comandante de la segunda división del Ejército Revolucionario, condecorado con la Orden de la Revolución por arrojo frente a los enemigos del Pueblo, ha decidido, en consideración de las razones expuestas anteriormente, renunciar por completo a su actitud de oposición y denunciar públicamente sus errores.”
Arthur Koestler – El Cero y el Infinito










