Segunda opinión
-No es fácil describirlo. Hay ocasiones en que el mal humor es insoportable, no sólo para los demás, sino también para mi mismo, al grado de pensar “que flojera conmigo”, es decir: sé bien que es un comportamiento muy destructivo, que se puede controlar de alguna forma, que requiere de cierta voluntad para hacerlo.
-Bien -dijo el médico quién se recargaba sobre su silla al momento que anotaba algo en su cuaderno-, el que sea usted mismo consciente sobre su problema es un buen inicio. Eso sienta las bases del tratamiento que le ayudará. Tengo ya su diario de los últimos tres meses, puedo ver en él que, efectivamente, en la mayoría de las veces su humor se ve afectado negativamente sin que exista un factor externo que lo propicie, excepto la misma inseguridad que padece ante lo que usted no puede controlar.
-¿Cómo es eso doctor?
-Si, usted a veces responde de formas coercitivas, así espera que su ambiente se modifique a sus necesidades particulares, usando un modo un tanto violento quizá, es así que se adapta el término “arrebato” al argot de nuestro gremio. El arrebato de la atención que usted demanda ya sea con enfados o tristezas.
-Hmmm, si, entiendo; me avergüenza pero entiendo. Déjeme decirle, quizá le ayude, en ocasiones tengo episodios donde todo pareciera diseñado para verme la cara, trato de explicarme lo mejor posible; de la misma forma sé que es absurdo, al menos es absurdo pensar constantemente en que lo que desconozco es una certeza. Es desgastante, casi siempre sufro dolores de cabeza por ello, puedo pasar horas y horas, hasta el desvelo, por pensar.
-Es correcto. Esa autoflagelación es innecesaria e imperceptible pues su mayor motivación es externar su malestar, sin embargo sus pensamientos no viajan y no tienen destinatario, por lo tanto, es menester modificar esa conducta suya debido a que implican un lastre emocional que agrava la bipolaridad. Pensar catastróficamente no es ninguna forma de solucionar un conflicto, interno o externo, es más bien un grito interior que clama por manifestarse al exterior. Esa necesidad, como toda necesidad, debe ser expresada en ciertos términos que empatizen, no que confronten.
-Ohh, me suena hasta convincente. Trabajaré en ello, incluso es atractivo saber que las trampas que uno presume ajenas son en realidad reacciones a hábitos un tanto viciosos.
-Así es. Nuestro tiempo terminó. Espero verlo la próxima semana, sólo le pido llegar dos horas más tarde, tengo un compromiso impostergable que requiere de mi completa atención. Espero lo entienda.
-Claro doctor, no hay problema en ello.
Al salir del consultorio el paciente se detuvo en la banqueta. De sus bolsillos sacó un cigarro, lo encendió y ahogó un suspiro de derrota y frustración que emergía de la boca de su estómago. Dio un par de fumadas más, tiró el cigarro antes de ingresar en otro consultorio de psicoanálisis que estaba cruzando la calle.
Fin










