De Marx a Dylan en un sorbo…
En alguna parte, escondido, permanece oculto cierto manifiesto al que se le niega ser leído, releído, desechado o transformado; acercaría tanto a aquellos que mantienen diferencias las cuales, bajo esa retina artificial creada por el dogma o el ideal, serían menos obvias. Quizás el fantasma que antes recorría al mundo hace mucho tiempo, cuando aún no aprendía a hablar con el ser que se ha ido construyendo-destruyendo, ahora nos recorre a cada uno de nosotros, con más o menos intensidad, o bien, prestándole más o menos atención.
Es posible que Dylan esté enterado que los tiempos han dejado de cambiar, que estos simplemente recorren un cauce circular, horadando el terreno donde estamos para luego aferrarnos a la ribera con todo lo posible para no caer en la corriente la cual, inevitablemente, nos arrastra. Es esa capacidad para no caer lo que ha cambiado en nosotros, algunos, todos, muchos, no lo sé. Los tiempos no cambian, nosotros estamos en el proceso de hacerlo.

