Metatextos
Ya salío publicado el ejercició 13 de Metatextos. La historia que mandé fue “Viajar como sea” y aparece publicada en la siguiente liga:
Metatextos - Morfo: Viajar como sea
Las historias que me gustaron fueron:
- Revolución Gloriosa
- La palabra con V
- Sin Titulo
¿Alguna vez lo imaginaste?
-¿Lo creíste posible?, quiero decir: ¿alguna vez lo imaginaste?
-Si - contestó ella sin mirar-, lo llegué a pensar. Pero nunca le di importancia
-¿Cómo dices?
-Eso, que nunca le dí importancia pues ya estoy grandecita para pendejadas.
-Bueno, eso es evidente - contestó el visiblemente dolido - pero esa amargura del pasado ¿es necesaria ahora?
-¿por que preguntas? - esta vez ella volteó aireada - ¿no es suficiente esto?. Como joden ustedes los hombres.
-Tal vez fue un error -dijo él con un suspiro.
-Ah ¿te arrepientes ahora?, debiste decirlo antes de que me dejarás hacer este ridículo…
-¿Conmigo?, vaya, ¡mira quien se queja de joder!
-¡Preguntas!, ¡preguntas!. Deja ya de preguntar y sé firme carajo. Así como yo lo fui al acceder a esto. Tienes que preguntar, no basta el hecho, quieres más, ahora quieres saber por que. Pero piensa que mis razones no son tu problema. Es cosa mía.
-Si, es cierto, es cosa tuya. Siento interferir en…
-¡No por favor! no sientas ni madres. El que te ame no implica que me ate a ti. Yo sólo te amo y deseo y ya. No necesito más de ti que eso.
-Hoy dijiste amarme- dijo él con una voz apenas audible- lo confesaste hace unos minutos.
-Si, y ahora crees que fue un error. Que poca madre tienes. Debiste evitar que cometiera este error entonces. Tu que siempre me has guiado bien, ahora dejas que cometa esta pendejada.
Le tomo la mano y la invitó a sentarse junto a el en ese raido y viejo sofá. Le soltó la mano y apartó el cabello del furioso rostro. Ella sólo miraba hacia el frente sin mirar realmente. Luego el se apartó, cruzó sus piernas y encendió un cigarro sin filtro que picaba la nariz de ambos. El tomó la cámara y comenzó a fotografíar las fantasmales volutas de humo.
Ellá volteó de repente y con su mano tomo un puño de cabellos de el y cara a cara le dijo:
-Eres un pendejo, de verdad que lo eres. Sólo debes ser así, como siempre. Inmutable. ¡Déjame en paz!
Y enseguida se fundieron en un beso profundo y prolongado para luego poseerse en silencio.
Morfo
Roja
Roja se administraba la última dosis que le quedaba. Su pulso agitado y respiración entrecortada le hacían sudar en frio a la vez que no dejaba que sus ojos miraran los despojos de aquella habitación.
Si iris dilatado le hacían ver como ente demoniaco que pareciera miraba en la oscuridad; tenía miedo y era evidente.
Sentada al borde de esa que pretendía ser una cama dejaba que su cuerpo absorbiera la heroina que se había inyectado, la aguja había lástimado la vena del brazo y sangraba gordas gotas que chapoteaban en el suelo sucio. Sus ojos ya eran un cristal roto por las venas expandidas.
Roja aún era una niña en salvaje transición a ser una mujer que la vida siempre odio por la belleza que irradiaba a todo lo que estaba cerca de ella, como esa habitación, tan sucia, tan sanguinolenta, tan desesperantemente pobre parecía más un cálido cubil donde un lobo bien podría refugiarse del invierno inclemente.
Y el lobo se presentó minutos antes de forma amable, como quien llega al rescate de una muerte segura, decidido, gallardo y confiado de sí mismo. Completamente vulnerable.
Roja cobró la habitual cuota a su nuevo visitante, ansiaba terminar con su trabajo para poder inyectarse antes que ese vacío hiciera presa de su pecho. Terminaría el trabajo rápido, no era un buen día para recibir inivtados pero necesitaba el dinero, si, sería rápido y luego se inyectaría y se olvidaría de todo.
Su cliente sacio el hambre con la misma ansiedad que Roja sentía por su heroína, pero él no se dió cuenta que actuaba solo, Roja estaba fuera de si, sosteniendo un enorme cuchillo por todo lo alto, se dio cuenta muy tarde de esto al sentir el mellado filo romper su pecho el cual hizo eco con esos pulmones inutilizados tratando de respirar ese aire tan viciado de dolor y muerte.
Roja bajo de su inivtado, tomó la liga de hule y cerró los ojos mientras se administraba la última dosis que le quedaba.
De noche…
Su entrepierna estaba húmeda, sus dedos eran ya parte de su vientre, su cadera no dejaba de moverse al ritmo de sus gemidos y ahogos.
Levantó la lámpara y ahí estaba. Mirándola con dos tizas, quieto como un gato atrapado. Ella parecía ser la presa, la luz que emanaba de esa lámpara iluminaba el rostro lívido, monstruosamente pálido, bello por lo demás. Ella termino de despertar por aquella sensación excitante, insoportablemente placentera, debió ser él, pensó y por ello lo detenía con esa luz falsa. La recámara era fría, demasiado fría, la ventana movía las cortinas onduladas y el largo cabello de esa mujer que extrañaba la seguridad del día, el radiante sol que le quemaba esa piel tersa. El no se movía, quizás sorprendido por haber sido atrapado en el momento que alimentaba ese cuerpo sin alma, pero ella si tenia alma y tenia sensaciones, recordaba momentos antes oler como su entrepierna estaba húmeda, sus dedos eran ya parte de su vientre, su cadera no dejaba de moverse al ritmo de sus gemidos y ahogos.
Sin advertirlo desapareció ante su vista así como el día la sorprendió despierta, viendo aquella ventana adornada de cortinas ondulantes. El día no fue normal, algo le fue arrebatado esa noche y sentía el ansia de ocultarse de esa luz molesta y vulgar del día. Quería el refugio de la noche tormentosa, del vendaval de sueños que le hacían detener el paso con tan solo recordar. Sentir su cuerpo al abandono de la soledad de su cama y sus libros que eran combustible para los deseos incumplidos. Arder, ser radiante en la mitad de las noches malditas por demonios sin nombre, desconocidos por la virtud y el dios aquel.
La noche llego al fin no así el sereno silencio de la muerte temporal ni el sosiego sopor del cansancio o aburrimiento, no, el ansia dominaba todo menos al ansia misma que crecía alimentada por ella misma.
Si, esa noche no le importaría morir, no si es de esa forma, seducida por un ángel caído en desgracia, por un animal inexplicable que le hacia sentir lo que otros hombres solo soñaban hacer en sus juventudes inexpertas o en la madurez soberbia de debilidad carnal.
La ventana abriose en silencio por la mano transparente de la muerte, el viento gélido del exterior entro, como entro en ella una desesperación que le hizo perder el control de su cuerpo, se vio así misma ser poseída en el regazo de la negra figura que era la misma noche, la misma violencia y peligro de la noche, su eterno romance con la perdición habían creado a ese hijo perfecto, mortal y cruel, seductor de los sentidos y corruptor de voluntades. Después solo quedaba él en la habitación. Dejó con gran cariño la cabeza de su amante en turno sobre su almohada, le peino el cabello con esas garras tenebrosas y frías. Al salir cerro la ventana y las cortinas ondulantes dejaron de vivir, como todo en el interior de esa habitación.
Morfo










